Los búhos de El Búho  Los búhos de El Búho

Los búhos de El Búho

René Avilés Fabila propuso a los directivos del Excélsior la necesidad de contar con un suplemento cultural. Un grupo de amigos se quebraron la cabeza pensando en el nombre. No lograban ponerse de acuerdo. En ese momento Rosario señaló una figura que estaba en la primera plana del diario, el logotipo, y dijo: Aquí está, se llamará El Búho.

El nombre del suplemento fue un hallazgo, no sólo por ser el logo del periódico sino porque representa básicamente la sabiduría y el conocimiento. Pero además tiene muchos otros significados para diversas culturas del mundo, como inteligencia, brillantez, poder, intuición, mensajes, misticismo, misterio, observación inconsciente y silenciosa, independencia, protección, valentía, transición, longevidad y reencarnación. El logo del suplemento lo diseñó el escultor Sebastián.

De esta manera nació El Búho, que inició el 15 de septiembre de 1985 y concluyó el 10 de enero de 1999. Se publicaron 696 números.

Una de las características del suplemento fue una amplia definición de cultura, en donde se hablaba no sólo de libros, teatro, música, cine, pintura, etc., sino también de política cultural, de urbanismo, de historia y de medicina.

En materia de pintura, René tenía muy clara la idea de que era un aspecto fundamental en un suplemento cultural. Y, si bien los pintores realizaban dibujos o caricaturas que ilustraban los artículos más importantes, estos también se presentaban como arte: cada colaboración de los pintores tenía el mismo peso que las de los periodistas o escritores. De esta manera llegaron a colaborar más de 100 artistas plásticos.

En algún momento, parece que para el segundo aniversario, el artista plástico Alfredo Cardona Chacón tuvo la afortunada idea de solicitar búhos para ilustrar las páginas del suplemento, y dio uno de los primeros a René como regalo. Más adelante se hizo costumbre y muchos pintores y grabadores, dibujantes y escultores comenzaron a regalarle esas gratas aves nocturnas que aparecen en todas las civilizaciones y culturas, y que inalterablemente representan la ciencia y la sabiduría. Desde el cuarto o quinto aniversario se organizó una exposición titulada Los búhos de El Búho y se hizo una costumbre que concluyó con la salida del Excélsior. Las exposiciones no eran obligatoriamente de búhos sino de trabajos plásticos de amigos y colaboradores, y siempre fueron exitosas.

Al dejar la casa Excélsior, decidieron mantener el grupo y pasaron a formar una revista que bautizaron como Universo de El Búho, en vista de que era legalmente imposible conservar el título que le pertenecía al Excélsior. Cuando fue vendido el Excélsior recuperaron el nombre de El Búho y se lo pusieron a la revista, que duró 200 meses. Sus autores no solamente entregaban los búhos para su publicación sino que se los regalaban a René; por ello, ahora son patrimonio de la Fundación René Avilés Fabila  y fueron expuestos por vez primera en el Museo de la Estampa de Toluca.

Actualmente son cerca de 250. Predominan los de Sebastián, Martha Chapa, Leticia Tarragó, Bragar, Mel, Urbieta y José Luis Cuevas, pero también los hay de Héctor Xavier, Raúl Anguiano, María Emilia Benavides, Jazzamoart, Alfredo Cardona Chacón y Felipe Posadas, entre otros. Uno de Sebastián, seleccionado de entre unas cincuenta obras suyas, sirve como logotipo para la revista y la Fundación. Esta serie sorprende: el escultor los diseñó con pluma, con pinceles y con sus propias manos como herramientas.                

Hay dos de Cuevas que no son usuales en su trabajo: uno es “La mujer búho”; el otro es contrastante, un búho macho. Uno más, de Bragar, es un búho con las alas en alto, reflejando el asalto policiaco del que René fue objeto en 1991. La obra de Raúl Anguiano son tres graciosas y hermosas cabezas de búhos. Martha Chapa, usando lapiz, se apoyó en sus habituales manzanas. Y Leticia Tarragó demostró su pasmosa imaginación y su singular talento al escribir alrededor de un búho un mensaje invertido. Finalmente, dos búhos de María Emilia Benavides son óleos donados a la propia Fundación y hechos con sus trazos y colores violentos. La mayoría son de pequeño formato y, desde luego, como fueron publicados en páginas en blanco y negro, carecen de color. Son como los han presentado por todo el mundo, un ave desconcertante y llena de posibilidades, que nos observa desde sus inmensos ojos inquisitivos y, al mismo tiempo, inquietantes.

Ahora ponemos todos esos búhos frente al público como prueba de la solidaridad y el cariño de muchos artistas plásticos. Por años permanecieron en casa de Rosario y René, y otros fueron a parar a la Fundación René Avilés Fabila. La idea es mostrarlos al público porque no fueron pensados para permanecer sólo en las publicaciones, sino también para estar expuestos y contar la historia de un grupo de periodistas y pintores que emprendieron juntos un venturoso vuelo cultural.

Fundación René Avilés Fabila

René Avilés Fabila
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